Arguedas y la utopía moderna de lo indio
- yanantin2
- 23 abr 2025
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Inti Cartuche Vacacela

José María Arguedas el escritor peruano, se definía como un "individuo quechua moderno", alguien que quería juntar "todas las sangres", todas las patrias, como el fundamento de una nueva nación que recogiera las herencias históricas de "todas las naciones" del Perú. Un adelantado a su época.
Se dice de él que fue un indigenista. Según el recién finado y también peruano Vargas Llosa, el escritor andahuaylino promovía una "utopía arcaica", un proyecto indigenista que idealizaba lo indígena, que no podía reconocer los procesos sociales de modernización en el Perú, etc.
Pero la vida es bien paradójica. Luego de la matanza de los 8 periodistas a manos de comuneros andinos de Uchuraccay en las alturas de Huanta, Ayacucho en 1983, el gobierno encargó una Comisión de investigación, que fue encabezada por Vargas Llosa y algunos antropólogos. Orin Starn y Miguel La Serna, en su libro "Rios de Sangre. Auge y caída de Sendero Luminoso" cuentan que Vargas Llosa y su equipo llegaron a las alturas de Uchuraccay en helicóptero. Cuentan que una vez al frente de los comuneros realizó una "ofrenda a los apus", el ritual del "tinkay" (una ofrenda de hojas de coca y aguardiente), rezó al Rasuwillka, la montaña más alta de la región, e hizo traducir su rezo al quechua para los comuneros. Pero resulta, que esa ceremonia se hacía en esa zona en la temporada de siembra, y para eso faltaban varias semanas. Los comuneros perplejos se dijeron entre si "será su costumbre".
En su informe posterior a la visita, Vargas Llosa afirmaba que los comuneros todavía tenían un modo de vida "arcaico", "antiguo", que eran poblaciones que vivían "en el aislamiento absoluto" "no tocados por la civilización", con tradiciones milenarias incolumnes. Pero resulta que los comuneros tenían radios, vestían blu jeans, algunos comuneros trabajan en la construcción en Lima, y muchos migraban a la amazonía. Otros habían servido en el ejército.
El episodio ilustra bien las formas de representación de lo indígena que las clases dominantes tenían y aún tienen hasta hoy. En 2019, Nebot sugería a los "indígenas" que vuelvan al páramo, como si ese fuera el lugar "natural" de esta gente, y que suponía una ciudad blanca. Pero resulta que en Guayaquil viven más de tres generaciones de "indigenas" producto de las continuas migraciones de población andina a la costa. Es común hasta hoy pensar que lo indígena es sinónimo de "espiritualidad", "culto y respeto a la Pachamama", de "tradiciones ancestrales". Una activista amiga mía alguna vez se sorprendía de que mis manos no sean "duras y fuertes" como las de un campesino que cultiva la tierra.
Arguedas, a pesar de su idealización de lo indigena, apostaba por una construcción de lo nacional a partir de la herencia y presencia india y las otras naciones del Perú. Pero aún más, pensaba que era posible otro tipo de mestizaje. Cuando recibió el premio "Inca Garcilazo de la Vega" en 1968, pronunció su famoso discurso "No soy un aculturado...", que una parte bastante famosa evoca el horizonte posible de otra modernidad indígena, mestiza popular:
"Yo no soy un aculturado, yo soy un peruano que orgullosamente, como un demonio feliz habla en cristiano y en indio, en español y en quechua".

Decía además que él se consideraba una posibilidad de vínculo vivo, capaz de universalizarse entre la gran nación cercada (la india) y la parte generosa y humana de la nación dominante. "El cerco podía y debía ser destruido; el caudal de las dos naciones se podía y debía unir".
Criticado duramente por Anibal Quijano -que paradójicamente décadas después construiría su teoría de colonialidad del poder, reivindicando gran parte de lo que Arguedas había adelantado- se suicidó, figurando la a veces díficil construcción de ese sueño.

Luis Macas, decía alguna vez "hemos vivido quinientos años juntos, pero de espaldas". No se trata entonces de "utopias arcaicas" sino de cómo caminar a nuestra propia "utopía moderna", para mirarnos por fin a los ojos y liberarnos como pueblos.
Quito, abril de 2025



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