Conaie y coyuntura electoral
- yanantin2
- 31 mar 2025
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Actualizado: 17 abr 2025
Inti Cartuche Vacacela

En las elecciones de noviembre de 2006 -hace 19 años- el país tuvo que escoger entre el hombre más rico del país y un personaje nuevo en la política. A este lo respaldó gran parte de la izquierda ecuatoriana de la época, incluido ciertos sectores del movimiento indígena.
En una asamblea de la Conaie del 27 de octubre de ese año, el movimiento indígena llegaba a algunas conclusiones frente a la segunda vuelta. Una primera tenía que ver con la voluntad de llevar adelante un “proceso de reorganización para la unidad de pueblos y nacionalidades indígenas” con la finalidad de defender los medios de existencia (páramos, agua, recursos naturales) de las privatizaciones. Una segunda, fue el llamado a conformar un “gran Frente de Unidad de lucha política y social” a los movimientos sociales organizados del país, con el movimiento indígena a la cabeza. Los siguientes tenían que ver con la geopolítica internacional: derrotar el TLC, el Plan Colombia, la salida de la Base de Manta, en defensa de la soberanía y autonomía del Estado ecuatoriano1.
Un punto importante y que se suele olvidar con facilidad –para desilusión de quienes han pensado en el movimiento indígena como un movimiento etnicista, corporativo, etc– fue el llamado a “luchar por la nacionalización de los hidrocarburos y más recursos naturales en territorios indígenas y del país”. De igual forma, instaban al próximo gobierno a que convoque y lleve a cabo una Asamblea Nacional Constituyente con plenos poderes y sobre todo sin injerencia de los partidos políticos para derrotar al neoliberalismo. Y junto a esto, finalmente convocaban a luchar por construir un Estado Plurinacional, equitativo y solidario.
Una vez planteados los ejes de la dirección política de esa coyuntura sobre los cuales tomaba posición el movimiento indígena, llamaban a “apoyar en la segunda vuelta electoral al economista Rafael Correa…” con cuatro puntos a considerar en la agenda política: Asamblea Constituyente, no firma del TLC, nacionalización de hidrocarburos, y salida de la base de Manta.
Para el movimiento indígena estaba claro que la unidad real de las organizaciones indígenas y populares era una de las garantías para lograr llevar adelante una transformación profunda de la economía y la política del país, con autonomía organizativa y política. A pesar de fraccionamientos internos luego de la experiencia con Gutiérrez, y de ciertos sectores que se sumaron inorgánicamente a la novedad política, la Conaie buscó a toda costa sostener la unidad, más allá de las diferencias políticas del momento.
El otro elemento clave fue la claridad para plantear los ejes más importantes de la disputa política con la derecha nacional e internacional, pero no desde una postura ideológica abstracta, sino en sintonía total con las plataformas de lucha de esos años, es decir, con la realidad política económica concreta. El movimiento indígena sabía exactamente que es lo que políticamente movía la lucha popular. Existía un acumulado de luchas previas: el levantamiento contra el TLC de inicios de aquel año, el problema con la OXY, y las de más larga data como la Constituyente, y la Base de Manta.
Además es importante recordar que la co-relación de fuerzas políticas y sociales en la coyuntura era favorable a los movimientos populares y a la izquierda. El “ambiente político” de la sociedad en general estaba avocada hacia propuestas de cambio. El neoliberalismo había demostrado en la práctica las consecuencias insoportables de sus políticas, por un lado. Y por otro, las derechas nacionales a pesar de sus deseos no lograba unificarse en un solo bloque fuerte. A lo largo de los noventas y principios de siglo, habían insistido en sus disputas económicas y políticas que significaron una cierta debilidad (recordemos, las peleas entre PSC y PRE y luego contra Lucio, etc.). Ese ambiente posibilitó que los sectores populares y los partidos afines puedan plantear salidas a las crisis, y conjugar con el sentimiento mayoritario de la gente.
De esa postura política de la Conaie frente a la coyuntura electoral de 2006, vale la pena rescatar algunos puntos que son importantes recordar: el horizonte nacional popular que logró avizorar al plantear los principales ejes sobre los cuales sustentó su postura y su apoyo a Alianza País: la nacionalización de los hidrocarburos, la no firma del TLC, y la Asamblea Constituyente de plenos poderes y sin partidos políticos, colocando con esto a la sociedad organizada al frente de los cambios posibles que se abrían en la coyuntura. En este sentido, el apoyo que el movimiento indígena había decidido ofrecer al candidato del posteriormente llamado progresismo, no era una simple suma, o un apoyo electoral, no unas demandas aisladas, sino un mandato político de corte (pluri)nacional y popular para la transformación del Estado desde él, pero junto a una sociedad políticamente activa, consciente de sus propias fuerzas.
El tema de la Asamblea Constituyente había sido un mandato constante a lo largo de los noventas, e implicaba, en la propuesta de la Conaie, la forma política para la construcción del Estado plurinacional de manera radicalmente democrática, es decir, desde las organizaciones populares e indígenas. Incluso en la coyuntura de 2006, la Conaie insistía en que la Asamblea tenía que ser por fuera de los partidos políticos tradicionales que habían hundido en la crisis al país, y antes de la segunda vuelta de ese año2.
Como he señalado en otros lugares, el tema de la plurinacionalidad planteado en aquella coyuntura estaba muy lejos de posturas legalistas, autonomistas, culturales y/o localistas. En su lugar se enlazaba a una disputa radical por la dirección económica y política del país. Por las posibilidades de construir un Estado realmente democrático sobre la base de la recuperación por el Estado y la sociedad de los recursos naturales más importantes y por la posibilidad de conducción por la sociedad organizada de un nuevo Estado por medio de la Asamblea Constituyente sin partidos políticos. En esta última línea, el llamado a apoyar en segunda vuelta al candidato de Alianza País, se sostenía sobre la autonomía política y crítica frente al posible nuevo gobierno progresista, en concordancia con la crisis de representatividad de los partidos políticos, mayormente de la derecha, así como con su proyecto político de transformación del Estado, desde las bases organizadas del campo popular.
Quito, enero de 2025



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